Parleys, animalitos y votos: parecidos razonables

Por @eliecerhf

Si de vicios se trata, la sociedad venezolana ha demostrado ser coinnaseur sobre el tema. Desde el estrato más bajo, hasta las grandes “élites” -familias ricas, enchufados, entrepreneurs- padecen del grave flagelo que resulta ser la ludopatía, y mucho más cuando es utilizada como medio de vida o subsistencia dentro de un sistema tiránico devorador de oportunidades.

A mediados del siglo XX, el auge de la democracia en nuestro país abrió las puertas a un sinfín de cosas nuevas que no se habían podido ver -o disfrutar bien- durante las etapas oscuras de caudillismos y dictaduras férreas, en donde las libertades estuvieron restringidas para el venezolano llano. Caracas y otras -selectas- partes de Venezuela fueron coloreadas con matices de libertad. Se había impuesto la mancillada libertad de expresión, los innovadores derechos humanos pactados entre naciones para evitar crímenes de guerra y otras expresiones de la democracia que inspiraron a muchos para construir país para sus hijos, el que se convertiría en un infierno sobre la tierra un poco después.

Pero a la luz de esas libertades beneficiosas, también afloraron y se multiplicaron otras libertades que no contribuían en nada al desarrollo de un país próximo a entrar al siglo de la competencia sin tregua. Una de esas libertades que pronto se convertiría en un rasgo autóctono del venezolano fue -y es- los juegos de azar. Desde peleas de gallos, pasando por los dominoes, los “raspaítos”, el popular Kino, los famosos parleys y la más nueva de las adicciones: la lotería de los animalitos, en donde por una apuesta de 100 BsF, el jugador puede obtener 3.000 BsF si logra atinar el animal que saldrá. Caldo para aquellos que odian trabajar y obtener dinero de forma sencilla sin usar mucho las manos y el cerebro.

Podríamos sentarnos a buscar culpables de este flagelo y conseguiríamos muchos: políticos y sus leyes impulsadas al vicio y sobre todo, la “cultura” de la renta petrolera: esa que vende la idea de que “todos los venezolanos nacen con un pan debajo del brazo”, siendo una gran y oscura mentira que encierra mecanismos para acomplejar a la población y hacerlos sentir como “súbditos” del Estado, imposibilitados de crear su propia riqueza con el sudor de la frente.

¿Y qué decir sobre el voto? Que lo han convertido en un “deber” cuando es todo lo contrario. El voto es un derecho de la democracia que le otorga el país a los ciudadanos, siempre y cuando éstos últimos lo hayan conquistado mediante el ejercicio de la soberanía y la defensa de su propio país ante cualquier amenaza. Cosa que olvidaron hacer los “demócratas” en el delirio que les produjeron los ingresos petroleros mediante la nacionalización del petróleo en el año 1976.

El voto no es más que la moneda con la que le pagan los ciudadanos a los políticos y aspirantes de serlo, para que éstos logren, desde el poder, encaminar a la nación hacia los senderos de la libertad, esa que requieren los ciudadanos para lograr sus metas y cumplir sus sueños en base a trabajo honesto y autosuperación. Políticos que deben ser parte de un Estado con mínima intervención sobre los asuntos netamente importantes para los ciudadanos, concentrándose plenamente en evitar la corrupción en los Poderes Públicos y cumplir con las leyes en vez de cambiarlas a su gusto.

Es así como los ciudadanos venezolanos, seducidos por un ingreso petrolero que nunca vieron, convirtieron ese derecho -el del sufragio- en un tipo de valor intercambiable gracias a la influencia y la persuasión de los políticos que buscaban -y buscan- los “espacios abiertos” para lograr el mantenimiento frecuente de sus franquicias electorales manejadas como empresas generadoras de lucro para sí mismos y su élite, a costas del habitante -porque no es ciudadano- que acude a elegirlo, una y otra y cuantas veces sean necesarias sin darse cuenta que este le hurta hasta el último sueño y le mantiene en el oscurantismo y la ignorancia para así, con la mayor impunidad de la que puede ofrecer una ley injusta, transferirse los recursos de la nación a sus cuentas bancarias offshore (incluyendo tus impuestos, porque, seamos sinceros, mira a tu alrededor y dime si los ves capitalizados).

No resulta ser tarea sencilla sembrar consciencia en una población sometida por el yugo de una tiranía invasora comunista, enquistada en el poder desde hace 19 años, y con ramificaciones que datan del pasado venezolano acomplejado e indolente por el país que alguna vez les dio tribuna de gobierno. Los vicios se han expandido de una manera alarmante en el país ante el lucro de unas cuantas “manos peludas” que pocos las conocen y son quienes mueven los hilos de la corrupción en los juegos de “azar”. No sería mala idea que este modesto artículo inspire a otros articulistas e investigadores a profundizar sobre el tema. Se podrían encontrar con muchas sorpresas.

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