Seguimos en dictadura; sigue la Constituyente; aún hay presos políticos

Miguel Ángel Camacho

Después de más de tres años de haber estado encarcelado en la prisión militar de Ramo Verde, para muchos, principalmente para su familia, es un logro que Leopoldo López esté en su casa. Sin embargo, la condena injusta de casi 14 años de prisión sigue en firme. Y aunque es muy diferente pagar una condena en la casa que en prisión, las cosas no cambian mucho, no olvidemos que Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas, también está en prisión domiciliaria, pero el contacto que tiene con los medios es extremadamente limitado.

Lo que ocurrió hoy con López puede ser considerado por muchos como un logro de la ciudadanía, que por más de 90 días ha estado exigiendo que sea restituida la libertad en Venezuela. Pero hay que ser precavidos, podría ser una de las tantas estratagemas, usuales de la dictadura de Nicolás Maduro, para mejorar su imagen a nivel internacional y enfriar las calles.

Y es que resulta extraño que el Tribunal Supremo de Justicia, en manos de Maduro, decidiera darle prisión domiciliaria a López justo días después de que el mundo viera las imágenes de paramilitares, adeptos a Maduro y a Diosdado Cabello, ingresando al parlamento venezolano y agredir a los diputados pertenecientes a la oposición. Esto ocurrió justo el día en que la Asamblea Nacional decidió aprobar el plebiscito en el que se le va a preguntar a los venezolanos si quieren que la Constituyente inconstitucional propuesta por Maduro se lleve a cabo.

¿Es una estrategia para distraer a la opinión pública o una muestra de apertura al diálogo? Si fuera la segunda opción, Maduro hubiera decidido cancelar la constituyente que le otorgaría, de forma “legal”, el poder absoluto sobre Venezuela. Esa sería la mejor muestra de estar dispuesto a dialogar con la oposición. Esto deja solamente la primera opción. Pero no es una distracción simple la que busca Maduro. Quiere mostrarle, infructuosamente, a la comunidad internacional que en Venezuela hay una independencia de poderes. Pero sabemos que eso no es así.

No es que quiera con esto minimizar la fuerza que tienen los ciudadanos que durante meses han salido a las calles a protestar sabiendo que en cada esquina está la muerte vestida de policía, de militar o de paramilitar. Pero no olvidemos que el año pasado Maduro logró embaucar a la oposición con unos supuestos diálogos. Diálogos que, al final, terminaron dejando por el suelo la imagen de la MUD y del Vaticano por permitir que el régimen les metiera los dedos a la boca.

No olvidemos que Venezuela está bajo una dictadura que ha empleado todas las estrategias posibles para seguir en el poder: tortura, secuestro, asesinatos, desaparición forzada, censura de medios, robos, etc. Es por eso que es preferible desconfiar de lo que a primera vista sería una muestra de cordialidad y que lo que pretendería es enfriar las calles.

Así que tengamos presente lo siguiente: pese a lo ocurrido hoy con Leopoldo López, en Venezuela nada ha cambiado, aún hay una dictadura; aún está convocada una Constituyente inconstitucional; aún hay cientos de presos políticos; la cifra de muertos sigue en aumento; los paramilitares siguen fuertemente armados; el TSJ y la Defensoría del Pueblo, que deberían ser independientes, siguen en manos de Maduro; aún uno de los jefes del narcotráfico sigue fungiendo como vicepresidente y aún hay países que o no se han pronunciado contra la dictadura de Maduro o que lo han hecho débilmente.

Por último, es necesario tener presente el siguiente interrogante: si a los paramilitares chavistas les fue fácil entrar al parlamento venezolano, ¿no les sería igual de fácil ingresar a la casa de Leopoldo López? Muchos podrán decir que dicha acción sería una mala jugada de Nicolás Maduro, pues lo dejaría mal parado. Pero, por favor, no olvidemos que estamos hablando de un dictador que no se caracteriza por su maravillosa inteligencia.

Siempre hay que estar preparados para enfrentar el peor escenario, así se sabrá cómo actuar.

Vía PanamPost

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